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¿Cómo acompañar el habla de tu hijo/a de 2 a 3 años que no habla o habla muy poco? – Estrategias de comunicación efectiva – Método Natural

En dos de mis más recientes publicaciones compartí contigo todo lo que necesitas saber sobre si debes preocuparte si tu hijo no habla o habla muy poco, concretamente tu hijo/a de 2 años y de 3 años.

Te he ido hablando de lo que yo considero “normal”, de cómo evaluar tu misma su lenguaje, dándote un listado de características de lo que los niños/as de 18 meses a 4 años dicen, también de la necesidad de que valores cómo es la comunicación y el lenguaje que tú le diriges, así como la importancia de una intervención temprana y los beneficios de mi método natural.

Hoy quiero ir en detalle con las distintas afirmaciones que distintas mamás me han hecho o he escuchado sobre sus hijos/as de tres años. Pero como son ejemplos de niños/as que todavía no dicen nada o muy poco, estas recomendaciones sirven para cualquier niño/a a partir de aproximadamente los dos años.

Así que, allá vamos con cuatro afirmaciones y mis recomendaciones y estrategias.

“A mi hijo de 3 años le cuesta hablar”

Debes ser más específica cuando dices que a tu hijo/a le cuesta hablar. “Le cuesta” significa que ¿todavía no habla? o ¿qué le cuesta articular las palabras? Y si le cuesta articular/pronunciar palabras, ¿cuáles?

En efecto, si todavía no habla, debes consultar con una especialista pues a los tres años la mayoría de niños/as ya emiten palabras, y muchos tienen un lenguaje muy elaborado y rico.

Si le cuesta articular palabras, puede ser totalmente normal pues la adquisición de los fonemas (sonidos) y la capacidad de pronunciarlos es gradual. A los tres años muchos niños/as son capaces de articular gran variedad de fonemas, pero hay un número importante de niños/as que todavía no son capaces de articular ciertos sonidos. El 90%1 de los niños/as articulan sin problema la m, n, p, t, k, b, l, que son los primeros fonemas que los bebés adquieren. El 80%, articulan correctamente la g (de gato), f, s, ch y r simple. Sin embargo, ya es menor el número de infantes que articulan a los tres años la ñ, d, r múltiple y los grupos consonánticos (tipo bl, br, tr…).

Tampoco es lo mismo una palabra cortita que una larga, por ejemplo de 3 sílabas o más, como ambulancia, bombero, sombrero, farola… Hay niños/a que a los tres años todavía les cuesta articular palabras largas y que ni por repetición las pueden decir. Es por eso que la técnica de hacer repetir palabras generalmente no sirve de nada. Cuando hacemos que nuestros hijos repitan con nosotros estamos por un lado deteniendo lo más importante, que es la comunicación, y por otro pidiéndole que haga algo de lo que todavía no es capaz.

“Mi hijo tiene 3 años y 1 mes y habla muy poco, solo yo le entiendo”

Que tú entiendas a tu hijo/a es, en realidad, una gran ventaja y lo que vas a usar en vuestro favor. Que tú le entiendas significa que tu peque ya trata de comunicarse, de hacerse entender, seguramente usa sus recursos no lingüísticos, como sus gestos, señalar, sus miradas, sus vocalizaciones y también sus palabras. O quizás incluso habla bastante pero de manera bastante ininteligible.

Si le entiendes es porque le observas, le conoces y la comunicación con él/ella es algo que te importa. Haces lo posible para que la comunicación sea fluida y agradable. Porque si no le entendieras tu hijo/a estaría muy frustrado de querer comunicarse y no encontrar a una mamá que le sigue, que conecta.

Cuando nuestros hijos/as son bebés también hacemos todo lo posible para entenderles y por supuesto no emiten palabras. Pero sus caritas, sus vocalizaciones, su llanto… lo significan todo para nosotras y atribuimos los significados adecuados. De esta manera nuestros bebés pueden ir conectando sus emisiones y acciones con unas respuestas por parte nuestra e ir comprendiendo que su comunicación les lleva a conseguir cosas.

Ahora que son más mayores, esperamos que salten al uso de la palabra y que el repertorio de vocabulario aumente. O esperamos, si ya dicen palabras y frases, a que mejoren su articulación para que se les entienda mejor. Para ese salto, seguimos necesitando entender lo que nos quieren decir, pero también necesitamos que se dé una cosa importante: que tengan la necesidad de usar su lenguaje para conseguir cosas. ¿Cómo lo hacemos?

Si tu hijo/a no dice palabras

Si interpretamos lo que nos intenta decir y simplemente le proporcionamos lo que quiere o nos pide, nuestro hijo/a entiende que no necesita hacer nada diferente para conseguir aquello, porque ya lo obtiene así.

Debemos escuchar lo que nos dice, interpretar e invitar a que diga algo más. Por ejemplo, podemos darle a escoger entre dos opciones. Imagina que sabes que te está pidiendo una manzana, que está en un lugar que no puede alcanzar por sí mismo. En ese cuenco también hay plátanos. Le preguntamos: “¿Quieres la manzana o quieres el plátano?” y esperamos a ver qué nos dice.

Al principio de usar esta técnica no esperes que escoja una de las opciones de manera perfecta, señalando o diciendo la palabra. Seguramente no sabrá escoger o no sabrá expresarlo, quizás hará una vocalización que nos dejará sin saber qué ha elegido, quizás se enfadará… Debemos perseverar en esta técnica. Podemos coger su manita y modelarle el gesto de señalar o de tocar lo que quiere. Le cogemos la manita y señalamos la manzana (si es lo que quiere) y decimos: “quieres la manzana”, o en tercera persona: “Martín quiere la manzana”.

Cuando ya le demos la manzana, también usaremos nuestro lenguaje para modelar el lenguaje

  • tanto de lo que él/ella quiere, algo como “la manzana”, “quieres la manzana”, “qué buena la manzana”;
  • o de lo que nosotras hacemos, como “te doy la manzana”, “la manzana para ti”.

Si tu hijo/a ya dice cosas pero no se le entiende

Como decía antes, poder entenderle es bueno y positivo, al menos podemos seguir y mantener esa conversación, que es lo que queremos. Al entender o interpretar lo que nos dice podemos devolver el modelo de lo que pensamos que nos está diciendo.

Por ejemplo, te está hablando sobre su coches, que van hacia un párking, que van muy rápido… pero todo ello con una habla muy ininteligible que solo tú entiendes. Puedes ir haciendo un modelado de lo que te está diciendo, pronunciado de manera muy clara, enfatizando las palabras más importantes. Por ejemplo: “qué rápido el coche rojo”, “los pones todos en fila”, “se van al párking”, etc. pero teniendo también en cuenta de dejar espacios a tu hijo para que pueda ir diciendo cosas.

Muchas veces cuando nostras repetimos lo que ellos han dicho mejorando la producción, ellos tratan de repetir de nuevo lo que hemos dicho y en muchas ocasiones son capaces de mejorar su producción. Así, diremos una frase como “qué rápido el coche rojo” y a continuación esperaremos a ver qué dice nuestro hijo/a. Y otra vez, “los pones todos en fila”… y esperamos. Nosotras proporcionamos modelos correctos de lenguaje pero adaptados a lo que nuestro hijo/a nos está diciendo y recordando que estamos dejando que hayan espacios para que el peque pueda decirnos más y pueda imitarnos de manera natural y espontánea.

“Mi hijo tiene 3 años y solo dice mamá y papá

Como en el primero caso, solo decir estas dos palabras a los tres años, es motivo de consultar a un especialista. Revisa mi artículo “Mi hijo/a de 3 años habla muy poco, ¿debo preocuparme? – Etapa de los 3 a los 4 años” para que veas el porqué y para recordar cuál es el lenguaje de muchos niños de esta edad.

De todas maneras, puedes ir poniendo en práctica todo lo comentado hasta ahora.

A continuación, voy a decirte a continuación cuáles son las primeras expresiones que los niños adquieren, en muchos casos de los 12 a los 18 meses. Tu hijo/a, aunque no sea con palabras, quizás con gestos, miradas, expresiones faciales y vocalizaciones debe ser capaz de:

  • Pedir tu atención
  • Pedir objetos
  • Requerir acompañamiento
  • Ofrecer objetos
  • Pedir continuación
  • Mostrar cosas
  • Identificarse a sí mismo/a
  • Identificar a los adultos cercanos
  • Despedirse
  • Aceptar o rechazar

Estas son funciones básicas desde que son bebés y que necesitan para conseguir cosas relevantes para su supervivencia y satisfacer sus necesidades básicas. Fíjate que lo esté haciendo todo.

Ahora, observa las palabras que van asociadas a estas funciones comunicativas y ve escogiéndolas y usándolas en los momentos adecuados:

  • Mira es la palabra para pedir atención
  • Dame, para pedir un objeto
  • Ven, para requerir acompañamiento
  • Ten, para ofrecer un objeto
  • Más, para pedir continuación
  • Esto más el gesto de señalar, para mostrarnos algo o para pedirlo
  • Yo o su nombre, para identificarse a sí mismo
  • Papá, mamá y otros nombres propios, para identificar a los adultos más cercanos
  • Adiós, para despedirse o despedir a alguien
  • y no, para aceptar o rechazar

Cuando tu hijo/a te está mostrando algo tú le modelas el lenguaje que esperas de él/ella, por ejemplo: “¡Mira!, el perrito” y haces mucho énfasis en la palabra mira. Y tú también le puedes mostrar algo para poder seguir usando la palabra mira, por ejemplo dices: “¡Mira!, las nubes”.

Cuando tu hijo/a te pide algo que tienes tú, por ejemplo jugando a pasar el balón, y lo hace con un gesto de sus manos, con una vocalización, con una mirada, tú le dices: “¡Dame el balón! ¿Te doy el balón?” y esperas otra vez. Seguramente hará el mismo gesto, mirada o vocalización, o quizás dice con la cabeza o con la palabra, o a lo mejor ya puede decir la palabra balón. Tú vuelves a decir: “¡Dame el balón! ¡Dame! Te doy el balón”.

Cuando tu hijo/a te coge de la mano y te lleva a un sitio, tú le modelas el lenguaje que esperarías que él/ella usara, por ejemplo: “¡Ven!, dice Martín. ¡Ven!” y esperas. Y al cabo de un momento dices: “Martín dice ‘¡Ven, mamá! ¡Ven!’”

Y así con cada una de las palabras asociadas a las funciones comunicativas principales y más importantes para la comunicación.

“Cuando le digo que diga coche dice brumm, aún le llama a las cosas por su sonido. ¿Qué hago? ¿Es normal?”

En primer lugar, pedir que diga o repita a un niño/a que le cuesta hablar o que dice muy pocas palabras no es una buena estrategia. Al contrario, una de las cosas que siempre repito en las sesiones con mis familias es no usar técnicas de corrección explícita ni de hacer repetir o de pedir que digan palabras. Nuestras “correcciones” deben ser siempre implícitas o indirectas, es decir, el niño/a no se da cuenta que le estamos corrigiendo o queriendo que diga algo. Simplemente le devolvemos el modelo correcto de lo que esperamos que él/ella llegue a decir y esperamos, damos tiempo.

No decimos:

  • “¿Cómo se llama esto?”
  • “Repite conmigo coooche.”
  • “Di coche.”

Sino que decimos:

  • “Mira, ¡el coche!”, y hacemos mucho énfasis en la palabra coche.
  • “A ver dónde está el cooocheee”, usando una entonación marcada en coche y hacemos que lo buscamos, dejando que él/ella lo busque y esperando a ver qué dice o hace y, entonces, podemos volver a decir: “¡El coche!”.

En segundo lugar, si tu hijo/a dice brumm para hablar del coche u otros sonidos u onomatopeyas para otros objetos y animales, lo usaremos para devolver el modelo correcto.

No diremos:

  • “No se dice brumm, se dice coche”.
  • Brumm no, coche”. Estos dos ejemplos son de corrección explícita que tenemos que dejar de hacer, como decía un poco más arriba.
  • “El brumm, sí, ¿dónde está el brumm?” En este caso, nosotras adoptamos la onomatopeya que nuestro hijo/a dice y acabamos llamando también de manera incorrecta a los objetos y animales por su sonido, como cuando llamamos guau guau a los perros. Esto no es adecuado porque estamos reforzando que nuestro hijo/a siga usando ese sonido u onomatopeya.

Para que pase de usar esos sonidos u onomatopeyas a usar las palabras correctas, nosotras debemos dar el modelo correcto. Es cierto que los coches hacen brumm y los perros hacen guau guau y así nos ayudaremos de ello:

  • “Mira, el coche que hace brumm. ¡El coche!”, enfatizando la palabra coche. Hemos recogido que entendemos lo que nuestro hijo/a nos está diciendo y que sí, que brumm es el sonido que el coche hace. Pero le decimos que se llama coche.
  • “Oh, el perrito, hace guau guau”. Lo mismo que antes, devolvemos un modelo de lenguaje que muestra que el perro tiene un nombre concreto y que hace ese sonido.

En resumen

Y hasta aquí, hemos visto muchos ejemplos de lo que podemos hacer ante el poco lenguaje de nuestros hijos/as para darles los modelos de lenguaje que necesitan para avanzar en su desarrollo y pasar de las vocalizaciones a las palabras, de las pocas palabras a ir aumentando su repertorio, de sus palabras a la unión de estas para formar frases simples, y de su habla poco inteligible a una más clara y comprensible para las personas de su alrededor.

Para resumir, las recomendaciones, estrategias y técnicas de las que he hablado son las siguientes:

  • Consulta conmigo si tienes dudas, si tu hijo/a de 2 – 3 años no dice ninguna palabra o muy pocas. Con mi método natural te ayudo a ver en qué estadio de desarrollo se encuentra tu hijo/a y qué es lo que necesitáis hacer para el momento concreto en que estáis.
  • No hagas repetir ni decir palabras. La mayoría de veces, tu hijo/a no es capaz de decir o de mejorar su articulación ni con la repetición.
  • Usa siempre las correcciones implícitas o indirectas, devolviendo el modelo lingüístico correcto que esperas de tu hijo/a.
  • Usa la interpretación para entender lo que tu hijo/a te está queriendo decir y para que la comunicación sea fluida y no se quede cortada.
  • Usa estrategias que hagan que tu hijo/a necesite pedir o decirlo mejor (no dándole lo que quiere a la primera), como esperar a que coja su turno de palabra, modelar el lenguaje que queremos que use y ofrecer doble opción (para que tenga que escoger una).
  • Modela su lenguaje (dando nosotras un modelo de lo que esperaríamos en esa situación). Modela incluso sus gestos. Por ejemplo, si no señala cuando le damos doble opción, le cogemos la manita y le ayudamos a señalar.
  • Adapta tu lenguaje usando una buena entonación, un habla muy clara y poniendo énfasis en las palabras importantes.
  • Enfócate en las primeras palabras que los niños aprenden y dilas de manera repetida y enfática cuando son relevantes para la situación.
  • Usa los sonidos y onomatopeyas que tu hijo/a usa para conectarlas con la palabra a la que se refieren.

Espero que empieces a usar cada una de estas estrategias con constancia. Poco a poco las irás interiorizando y te irán saliendo más naturalmente. Para ello, recuérdate cuando estáis haciendo cualquier actividad cotidiana, o jugando, o mirando un cuento, de relajarte y disfrutar de la comunicación, del placer de estar con tu hijo/a e ir poniendo en práctica las estrategias adecuadas en cada momento.

Cuéntame:

¿Qué es lo que le cuesta más a tu hijo/a (en referencia a su lenguaje)?

¿Qué crees que es lo que puedes empezar a hacer tú para ver cambios en su lenguaje?

¿Qué ratos vas a reservar para ofrecer el tiempo de calidad que necesitáis para disfrutar de la comunicación y poder implementar todas las estrategias?

Escríbelo en la zona de comentarios como manera de comprometerte con ello.

Nota el pie:

1 Articulación de fonemas y grupos de fonemas según edad cronológica, Laura Bosch, 1982.

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